25 noviembre, 2009

LA ÉTICA DEL BUSHIDO

El Bushido indicaba, o más que eso, determinaba, los caminos que los nobles guerreros deberían observar en su vida diaria, de la misma forma que los caballeros medievales europeos debían observar sus “Preceptos de la Caballería”. Ser noble no era una condición social aristocrática que solamente confería derechos especiales a los que de ella participaban, sino, por el contrario, deberes. En verdad, la nobleza no es siquiera una característica, sino un estado, un espíritu.

Mientras un caballero cultiva ese espíritu en su corazón él es noble. Cuando deja de hacerlo, no pasa de un hombre común. Cuando la nobleza venida de los dioses deja de impregnar el corazón de un hombre, él se vuelve piedra. Deja de tener actitudes altruistas y pasa a ser un hombre común, que piensa apenas en sí mismo... Por eso, el concepto de nobleza de espíritu cultivado por los samuráis era tan puro. Como se decía en la Europa medieval: la noblesse obligue[1].

Un samurái típico tenía cierto desprecio por el intelectualismo, comprendía que el conocimiento solamente puede ser así llamado cuando es asimilado en la mente y visto en el carácter. Un especialista intelectual era considerado una máquina. El intelecto debía estar subordinado a la emoción ética. El hombre debía cultivar en su vida y en su comportamiento la misma armonía que conduce el universo, pues ambos “fueron concebidos para ser igualmente espirituales y éticos”[2]. En toda cultura, la expresión es reflejo de una forma de pensamiento. Los griegos, por ejemplo, tenían naturaleza más contemplativa, que se reflejaba en su forma de orar, volteados al cielo. Los romanos, al contrario, eran de naturaleza más reflexiva, orando con la cabeza baja, mirando el suelo. Los Samuráis también eran de naturaleza más reflexiva que contemplativa, que se reflejaba en sus posiciones y sus códigos de conducta.

Se cuenta una historia en que había un hombre al que le gustaban las imágenes de dragones, así, todas sus ropas y muebles eran decorados con imágenes de dragones. El dios dragón tomó conocimiento de ese gran afecto y, un día, un dragón de verdad apareció delante del hombre. Se dice que él murió de miedo. Probablemente era un hombre al que le gustaba la teoría y decir bellas palabras, pero no actuaba de acuerdo con ellas al enfrentar la realidad.



[1] “La nobleza obliga”.

[2] NITOBE, op. Cit.

CREDO DEL SAMURAI

“No tengo padres. Hago del Cielo y la Tierra mis padres.

No tengo hogar. Hago del Hara mi hogar.

No tengo poder divino. Hago de la honestidad mi poder divino.

No tengo poder mágico. Hago de la fuerza interior mi poder mágico.

No tengo vida ni muerte. Hago de la eternidad mi vida y mi muerte.

No tengo cuerpo. Hago del coraje mi cuerpo.

No tengo ojos. Hago del relámpago mis ojos.

No tengo oídos. Hago de la sensibilidad mis oídos.

No tengo miembros. Hago de la prontitud mis miembros.

No tengo reglas. Hago de mi autoprotección mis reglas.

No tengo destino. Hago de mi ocasión mi destino.

No tengo principios. Hago de la adaptabilidad a todas las circunstancias mis principios.

No tengo táctica. Hago del vacío y de la plenitud mis tácticas.

No tengo talento. Hago del espíritu alerta mi talento.

No tengo amigos. Hago de mi mente mi amigo.

No tengo enemigos. Hago de la imprudencia mi enemigo.

No tengo armadura. Hago de la benevolencia y la rectitud mi armadura.

No tengo castillo. Hago de la sabiduría inmutable mi castillo.

No tengo sable. Hago de la vaciedad mi sable.

Mochizuki Takeshi Sensei

Shinto Ryu Budo Tameshigiri